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A VUELTAS CON EL "JESÚS" DE PAGOLA

Los obispos españoles execraron del Jesús de José Antonio Pagola, por herejía, y han cosechado el éxito mundial de libro del teólogo vasco sobre el fundador cristiano. Ahora, vuelven a beber de un cáliz aún más amargo: el lanzamiento de otro libro que remacha las ideas del original. Se titula Guía de lectura. Jesús, aproximación histórica. Escrito por el también teólogo Pedro I. Fraile Yécora, lo publica la editorial católica PPC. Muy rara vez ocurre algo parecido en el mundo editorial, lo que da idea del enorme éxito de la biografía de Jesús lanzada a las librerías en 2007 con la licencia (nihil obstat et imprimatur) del entonces obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte. La guía tiene 127 páginas.

Es el cáliz que están apurando esta primavera los obispos españoles por iniciar hace seis años un sonadocombate inquisitorial contra el teólogo vasco, liderados por el cardenal Antonio María Rouco y su entonces portavoz en la Conferencia Episcopal Española (CEE), el también obispo Juan Antonio Martínez Camino. Los aires que soplan en el Vaticano desde que Francisco asumió el pontificado romano les tiene aún más desorientados. Esto opina el Papa argentino sobre determinados furores inquisitoriales: “Impresiona ver las denuncias de falta de ortodoxia que llegan a Roma Los dicasterios romanos están al servicio del Papa y de los obispos: tienen que ayudar a las Iglesias particulares y a las conferencias episcopales. Son instancias de ayuda. Pero, en algunos casos, cuando no son bien entendidos, corren peligro de convertirse en organismos de censura”. Lo dijo en la entrevista publicada por media docena de revistas de la Compañía de Jesús, a poco de ser elegido papa.

Las razones por las que el episcopado español pedía al Vaticano condenar y maldecir la difusión del libro de Pagola fueron proclamadas entonces con gran alboroto. En primer lugar, afirmaban que Pagola era reo de varias herejías, entre otras la de presentar un fundador cristiano “demasiado humano”. Además (o sobre todo), ser alarmaban porque el libro “se estaba vendiendo como rosquillas” y dañaba la fe de las “almas sencillas”. Roma les quitó la razón, con contundencia, y el libro, Jesús.Aproximación histórica, volvió a las librerías para regocijo de miles de nuevos lectores. Lleva vendidos en España 120.000 ejemplares y ya ha sido traducido al inglés, francés, italiano, portugués (Portugal), portugués (Brasil), croata, ruso, catalán y euskera, con la edición en japonés a punto de concretarse, entre otras varias. Solo para América Latina se han realizado ya cuatro ediciones en castellano.

También se está vendiendo bien la curiosa Guía de lectura del Jesús de Pagola, lanzada por PPC tras comprobar que muchos seguidores del teólogo vasco se habían organizado para leer y comentar juntos el libro, con ganas de profundizar más en la páginas y en los motivos y pormenores que provocaron la intervención de los inquisidores de la CEE, y sus consecuencias, que las hubo. En 127 páginas, la guía ofrece un resumen de cada capítulo (lo que permite captar con más precisión lo más importante); sugiere algunas preguntas para excitar al lector a pensar o a dialogar en grupo sobre lo que han descubierto, y luego propone un texto evangélico que ayuda a descubrir de manera actualizada los mensajes contenidos en el original. Todo el material ha sido supervisado por el propio Pagola, que escribe el prólogo de la guía.

La figura de Jesús suele quemar a gran parte de las jerarquías del catolicismo, siempre temerosas de entrar en su terreno. Prefieren, casi todos, hablar de la Virgen, de Dios en genérico, del Cielo o el Infierno como entes abstractos. Jesús les quema. Algunos de sus mensajes fueron y son revolucionarios y ponen en evidencia la vida diaria y el ejercicio del poder de muchos de sus seguidores. Por revoltoso lo mataron los jerarcas del judaísmo en su tiempo y el gobernador romano. “Una iglesia que no lleva a Jesús está muerta”, ha dicho, sin embargo, el papa Francisco. Esta es la historia de la persecución que ha sufrido el Jesúsde Pagola, como antes otros muchos autores que se atrevieron a pensar libremente sobre la vida del fundador.

“De nuevo a la venta”. Con este laconismo regocijado anunció en abril del año pasado la editorial PPC, de la congregación marianista, el lanzamiento de la décima edición de Jesús. Aproximación histórica, del que se habían vendido 80.000 ejemplares en España cuando fue denunciado en 2008 por la CEE. La Congregación para la Doctrina de la Fe, que es como se llama ahora la Inquisición romana, tardó cinco años en dictar sentencia. El libro no contiene “ninguna proposición contraria a la fe”, concluyó. Traducido ya entonces a media docena de idiomas, el Pagola, como ya se le conoce, había seguido vendiéndose fuera de España sin reparo alguno, incluso en las librerías del Vaticano, y sumaba ya unos 120.000 ejemplares. La decisión de la autoridad doctrinal, favorable a Pagola e inapelable, cayó como una bomba entre los obispos y teólogos denunciantes, que se resistieron a aceptar el veredicto de Roma y siguieron enredando el caso con afirmaciones confusas, cuando no falsas. Enfrente, se alzó el contento de los incontables pensadores cristianos —entre ellos, algún cardenal—, que se expresaron en defensa de Pagola desoyendo presiones y combatiendo condenas.

Pagola publicó su Jesús en 2007 y un año después introdujo algunos cambios para la novena edición del libro, a sugerencia del obispo Uriarte. Pagola es sacerdote en esa diócesis y fue su vicario general durante 21 años (20 con José María Setién y uno con Uriarte), y rector de su Seminario Mayor, entre otras responsabilidades. En prueba de su apoyo y convencido de que con ello atajaba una revuelta maquinada por el episcopado más conservador, Uriarte decidió que la nueva edición —la novena— se publicase con su nihil obstat (nada lo impide) y elimprimatur (imprímase), pese a no ser un requisito obligatorio para este tipo de libros. “Es una obra honesta y bien hecha. Mi decisión la tomo con todo el corazón”, se justificó el prelado. Antes había sometido el texto al peritaje de dos teólogos de la Universidad Pontificia de Salamanca, Santiago del Cura y Santiago Guijarro. El primero era a la sazón miembro de la Comisión Teológica Internacional que asesora al Vaticano en cuestiones doctrinales. También recabó la opinión del arzobispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián, hecho cardenal por el papa Francisco en marzo pasado.

La nueva edición añadía 39 páginas a la original, pero no rectificaba su sustancia. En realidad, era una concesión al obispo Uriarte, que esperaba acallar a los críticos, muy agresivos desde el principio. Los inquisidores se decían alarmados, sobre todo, porque el libro se estaba “vendiendo como rosquillas” y triunfaba fuera de España. Lo de las “rosquillas” lo escribió en el boletín diocesano de Tarazona el obispo de esa diócesis, hoy ascendido a Córdoba, Demetrio Fernández, el primero en tachar a Pagola de “autor muy dañino para las almas sencillas”. La misma posición secundaron en dicho boletín, con descalificaciones aún más gruesas, incluso personales, Luis Argüello, vicario de Valladolid, los teólogos José María Iraburu y José Antonio Sayés, y el obispo auxiliar de Getafe, José Rico Pavés, entonces director de la comisión para la Doctrina de la Fe en la CEE.

Pagola contestó al desde entonces llamado grupo de Tarazona mediante 50 folios y el título La verdad nos hará libres. Empezaba recordando que la ferocidad crítica es poco cristiana. Les dijo: “En el prólogo de su obra teológica, no magisterial, Jesús de Nazaret, el papa Ratzinger pide con una humildad admirable a sus lectores esa benevolencia inicial, sin la cual no hay comprensión posible. La Congregación para la Doctrina de la Fe suele pronunciarse sobre las proposiciones de un autor, nunca sobre su fe o sus intenciones subjetivas. Quiero escuchar la llamada de Jesús: No juzguéis a nadie. No condenéis a nadie. Perdonad. 
Desgraciadamente, no es esta actitud de la Congregación Romana la que aparece en estos textos que no diferencian el juicio sobre una proposición determinada y el juicio sobre el autor. Así, Sayés afirma que 'para Pagola, Jesús no es Dios'; Iraburu dice que Pagola 'no cree en la Iglesia', y Rico Pavés afirma que Pagola 'se propone solapadamente una revisión integral de la fe'. Es estremecedor sentirse juzgado así”.

Entrando en la defensa de sus posiciones, los argumentos de Pagola resultaban demoledores y, pese a sus buenas intenciones, dejaron a los detractores en ridículo, lo que les iba a irritar aún más. Solo un ejemplo, referido a la afirmación de Sayés de que “Pagola no dice que Jesús es el Hijo de Dios en un sentido único”. Pagola le recuerda esta cita de su libro. “Esto es lo que afirmo literalmente: 'Jesús no es un hijo más de Dios. Es el Hijo. Lo más querido de Dios”.

Pese a las explicaciones del teólogo, la campaña arreció. Según el obispo Fernández, ya no era el libro el “dañino”, sino el mismísimo Pagola. Iraburu llega a escribir que “la peligrosidad mayor de las doctrinas de Pagola está en sus artículos en diarios y revistas, en Internet, en conferencias”. Añade: “Por esta vía es como llega a muchísimas personas. Pide a Dios y a los obispos que liberen al pueblo cristiano de las tinieblas del error”.

Iraburu, predicador navarro jaleado en foros ultracatólicos, había elevado antes su furia inquisitorial demasiado alto, lo que dejaba en ridículo sus informes. Uno de sus investigados, al que acabó llamando hereje, fue nada menos que el jesuita español Luís Ladaria, que en pleno debate sobre Pagola fue nombrado por Benedicto XVI secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es decir, el ‘número dos’ de la romana y universal Inquisición. Allí sigue. “Creemos que la explicación del profesor Ladaria no logra estar conforme con la doctrina de la Iglesia”, le acusó Iraburu a propósito del libro Teología del pecado original y de la gracia.

En la gresca inquisitorial resuelta por Roma, el entonces presidente del episcopado, cardenal Antonio María Rouco, estuvo asistido con entusiasmo por su obispo auxiliar y portavoz de la CEE, el jesuita Juan Antonio Martínez Camino, que antes había dirigido con mano de hierro la comisión doctrinal, donde fue sustituido por Rico Pavés. La llamadaNota de clarificación de la CEE contra el libro de Pagola, emitida en junio de 2008, parece obra suya, aunque recoge tesis del bloque de Tazazona. Pero fue ya una “nota” oficial del episcopado y llamó la atención que los censores avanzasen aún más en las execraciones, hasta acusar a Pagola de adoptar nada menos que teorías “propias de la lucha de clases”.

Los inquisidores de Rouco fueron derrotados en Roma con estrépito, pero antes habían perdido la batalla en España, donde gran parte de las librerías católicas se negaron a retirar el Jesús de Pagola de sus estanterías pese a recibir la visita de algunos obispos con esa exigencia. Los libreros tenían argumentos que dejaban muda la intransigencia de los peticionarios. Ahora mismo, les decían, el libro se está vendiendo fuera de España con normalidad, incluso en las librerías de la Via de la Conziliazone, frente al corazón del Vaticano, por donde transitan los altos cargos de la Santa Sede y de las conferencias episcopales de visita en Roma. Para ellos, el caso Pagola era “una cuestión española”.

Resuelto el pleito por Roma, los calificativos más gruesos alcanzaron a los prelados que argumentaron en 4.385 palabras la denuncia inicial de la CEE. “Ignorancia”, “oprobio”, “desmesura”, “ensañamiento” “maldad”, “soberbia”, “envidia” “falta de escrúpulos”, “ridículo”, “furia inquisitorial” y “falta de respeto a la verdad” fueron algunos de los calificativos, en boca de teólogos tan reputados como José María Castillo, Félix Azurmendi, Xavier Picaza, Rafael Aguirre, Juan José Tamayo, José Manuel Vidal, José Ignacio Calleja, Benjamín Forcano, José Arregi o José Ignacio González Faus, entre otros muchos. Fue este último quien apeló al famoso título del novelista Eduardo Mendoza (La verdad sobre el caso Savolta) para dar “un poco de humor” a sus reflexiones, que, añadió, “no pueden hacerse sin mucha tristeza”. Todos reclamaban detalles de lo decidido y, además, una disculpa pública de quienes declararon “una guerra teológica tan desproporcionada”. El caso Pagola se convirtió así en el caso Rouco. O en el caso Martínez Camino. “No pueden callarse, como si no hubieran tirado piedras contra el tejado de nuestra Iglesia”, dijo el Foro de Curas.

Sostuvo el pensador cristiano Manuel Fraijó, catedrático emérito de Filosofía de la Religión y de Historia de las Religiones: “Uno de los grandes méritos de la obra de Pagola es que logra transmitir en un lenguaje inteligible y elegante los resultados de la alta investigación sobre la persona de Jesús. El destino de estas obras ha sido siempre controvertido. Están escritas por teólogos que, sin ser especialistas en la exégesis de los textos bíblicos, han leído a los grandes intérpretes de la Biblia y se han quedado con su melodía; melodía que ellos han sabido transmitir con sencillez y honda preocupación pastoral. Y aquí empiezan los problemas con el magisterio de la iglesia. Mientras la hermenéutica del gran legado bíblico se transmite en gruesos volúmenes, accesibles solo a los especialistas, los guardianes de la fe no suelen alarmarse. El pánico cunde cuando Pagola, Hans Küng, y tantos otros teólogos de nuestros días logran que los resultados de la investigación bíblica abandonen los recintos especializados y salgan a la calle”.

El cardenal Rouco y sus ofuscados asesores tampoco podían imaginar en 2008 que entre los defensores de Pagola iba a estar nada menos que el cardenal Gianfranco Ravasi, uno de los mejores biblistas de la Iglesia católica y hombre de confianza del ya emérito Benedicto XVI, que lo nombró presidente del Pontificio Consejo para la Cultura en 2007. El todavía ministro del papa Francisco en la Curia vaticana alzó la voz en defensa de Pagola cuando la CEE ya había emitido su condena. “La mejor forma para guiar al lector no técnico en medio de esta selva de interpretaciones cristológicas me parece la narrativa realizada en España por dos teólogos, Armand Puig i Tarrech (Jesús. Respuesta a los enigmas. Editorial San Pablo) y José Antonio Pagola (Jesús. Una aproximación histórica. PPC)”, escribió el cardenal en el periódico Il Sole 24 Ore en diciembre de 2010.

Tras las alabanzas de Ravasi, tan sonadas, corrió en defensa de Pagola la famosa frase del humanista extremeño Francisco Sánchez de las Brozas, El Brocense. “Quien diga mal de Erasmo o es lego o es asno”, escribió en defensa del gran pensador holandés perseguido por la Inquisición del momento. Ahora se afirma lo mismo de quienes siguen execrando de un libro avalado por Roma y por sus muchos lectores de buena fe.

Escribe Pagola, en la carta que publicó nada más conocer la decisión de Roma: “A quienes habéis leído mi libro os puede interesar conocer las principales decisiones tomadas por Roma. En lo referente a cuestiones doctrinales, la Congregación reconoce que mi libro no contiene ninguna proposición contraria a la fe, por lo cual no me ha pedido corregir ningún error doctrinal o afirmación herética. En lo referente a cuestiones metodológicas, la Congregación hace diversas consideraciones sobre el objetivo y la naturaleza de mi libro, y sobre la relación entre fe e investigación histórica. Sin embargo, no ha considerado necesario pedirme una revisión del enfoque de mi obra ni tampoco corrección alguna”. Añadió: “Ahora solo miro al futuro. Quiero vivir mis últimos años colaborando en lo que considero la tarea más urgente en la Iglesia actual: volver a Jesucristo como la única verdad de la que nos está permitido vivir y la única fuerza que nos puede hacer caminar hacia una Iglesia más evangélica al servicio de un mundo más humano”.

En cambio, la Conferencia Episcopal se mantuvo en sus trece aquel mismo día, nada más leer a Pagola, mediante una Nota que tituló Decisiones sobre el libro Jesús. Aproximación histórica de D. José Antonio Pagola. Lejos de comunicar esas “decisiones” (se supone que las de Roma), gran parte del comunicado lo dedicaba la CEE a resumir las acusaciones contra el teólogo y el proceso seguido. “Informamos sobre el estado de la cuestión y sobre sus precedentes más notables”, decía. Solo en el último punto, en apenas 20 palabras, informaba la CEE de que la Congregación le había dicho por carta al obispo de San Sebastián que “el Autor ha respondido satisfactoriamente a las observaciones hechas por la Congregación y que se le debe exhortar a introducirlas en futuras ediciones de la obra, a la que, no obstante, no se le podrá dar el imprimatur”.

La frase dice una verdad que miente en todo. Ni Pagola ni la editorial necesitaban imprimatur alguno para lanzar de nuevo el libro al mercado. Ese requisito fue suprimido por el Concilio Vaticano II. La Conferencia Episcopal Española no puede ignorarlo. Los teólogos consultados entonces por EL PAÍS se tomaron semejante afirmación episcopal como una manera de “tirar piedras sobre el tejado de la Iglesia católica”. “Malo si es ignorancia, peor si es por maldad”, resumió un portavoz del Foro de Curas vasco.

Nacido en 1937 en Añorga, en un muy humilde caserío guipuzcoano, tercero por atrás de ocho hermanos, Pagola fue discípulo del famoso cardenal Carlo Maria Martini en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y también estudió en el Instituto Bíblico en la misma ciudad, y varios años en la Escuela Bíblica de Jerusalén. Cabeza privilegiada, habla tres lenguas muertas y cuatro lenguas vivas, además de las suyas de origen (español y vasco). También ha tenido tiempo para hacer carrera eclesiástica en su diócesis de San Sebastián, donde fue vicario general del obispo (21 años con José María Setién y uno con Juan María Uriarte), además de rector del Seminario Mayor y profesor de la Facultad de Teología del Norte de España, con sede en Vitoria.


FUENTE: EL PAÍS (Juan G. Bedoya, 21 abril 2014) 


Atrapa el gazapo doctrinal

Desde la fe, como reclaman los obispos que debe escribir Pagola, un historiador tendría las alas cortadas porque, como enseñó el catecismo de Astete, “fe es creer lo que no vimos”. El historiador fracasaría sin buscar más allá del catecismo oficial, sobre todo en el caso de Jesús, que no escribió una línea y al que sus evangelistas no llegaron a conocer. Desde entonces, hay una historia canónica, pero también decenas de miles de biografías y buenos investigadores buscando más allá de leyendas, mitos y teologías.

Consciente de esta situación, el teólogo Joseph Ratzinger escribió en su biografía de Jesús, siendo ya papa: “Cualquiera es libre de contradecirme”. Fue muy contradicho. El libro omitía o añadía detalles extraños a las enseñanzas oficiales, aunque la atención se fijó entonces en detalles chuscos, como si hubo buey y borrico junto el famoso pesebre.

El grupo de Tarazona habría exigido una investigación para ver si Ratzinger, dado que estaba vendiendo “como rosquillas” (aportación estilística del obispo de Córdoba), amenazaba la fe de las almas cándidas. Ratzinger era un papa. Pagola, que también tiene el pecado de vender libros como rosquillas, es solo un teólogo brillante que lleva a sus espaldas la cruz de haber asistido (como vicario general) a dos grandes pero polémicos obispos, los vascos Setién y Uriarte.

Sobre el grano del libro, el lector puede jugar a cazar gazapos teológicos en la edición perseguida por Rouco (la novena), y los cambios introducidos en la décima que acaba de salir. Ambas tienen las mismas páginas (571). Eso quiere decir que los añadidos o las supresiones son mínimos, además de nimios. Puedencazarse en las páginas 215, 321, 364, 378 y 430 a 431, además de en cuatro notas a pie de página nuevas, dos para citar textos de Ratzinger. En todos los casos, Pagola busca reforzar cinco temas sensibles: confesión de los pecados, conciencia de ser hijo de Dios, institución de la Eucaristía, valor redentor de la muerte de Jesús y la Resurrección.

Es lógico que los inquisidores de Rouco estén dolidos con Roma. Esperaban una condena de un libro y han consagrado a su autor como un biblista de prestigio mundial. El choque estaba cantado. Para la CEE, Jesús es Cristo, es decir, un hombre endiosado, que fundó una iglesia, que condenó a diestro y siniestro (sobre todo, a mujeres) y que les está permitiendo relacionarse con el poder como si fueran poderosos: viven en palacios, son asalariados del Estado y no pagan impuestos en la idea de que con el dinero que se quedan “hacen el bien” (como si los contribuyentes ordinarios fueran a hacer el mal si tampoco cotizaran). En cambio, el Jesús de Pagola es humano y misericordioso, no cree haber fundado una Iglesia, vive entre mujeres y las quiere, detesta el poder y proclamó que no se puede servir al mismo tiempo a Dios y al dinero.

Así se explica la inquina que respira la nota con que la CEE réplica a la carta en que Pagola comunica a sus lectores que esta por fin libre de sospechas. La titularon “Decisiones sobre el libro…”, pero callan que son “decisiones” de la Congregación romana. Hablan de “intercambio de cartas” sin desvelar contenidos. Y se explayan sobre un siniestro “estado de la cuestión” cuando lo que hay son ya “decisiones”. En resumen, la nota acumula juicios negativos, con la esperanza de suavizar el dato de que Roma les ha quitado la razón.

Que se sienten humillados lo indican en el último párrafo, que parece un reto al Vaticano y a la editorial, una especie de “a ver si se atreven a reeditar el libro”. Lo parece cuando escriben que “no obstante, a la obra no se le podrá dar elimprimatur”. Ocultan (o ignoran) que desde el Vaticano II ningún autor está obligado a pedir elnihil obstat ni el imprimatur a ningún obispo, y ningún obispo puede exigirlo, salvo en tres clases de libros: traducciones de la Biblia, libros litúrgicos y catecismos oficiales. Fue Pablo VI quien lo decidió, además de suprimir la Inquisición y el Índice de libros prohibidos.


FRANCISCO DENUNCIA ANTE LOS CARDENALES LOS FALLOS DE LA IGLESIA LATINOAMERICANA

Cuidado con Francisco. El papa argentino tiene una predilección natural por los espacios abiertos y la sonrisa, por las frases con gancho —o como ganchos directos al corazón— y por el sorbo de mate que le ofrece cualquiera en su recorrido a cuerpo gentil por Río de Janeiro. Pero, cuando tiene que echar una bronca, muerde sin soltar bocado. Después de la misa final en Copacabana, a la que asistieron en primera fila las presidentas de Brasil y Argentina y también el de Bolivia, Jorge Mario Bergoglio quiso reunirse con las conferencias episcopales de América Latina y el Caribe. Y ahí ya no hubo paños calientes. En forma de preguntas retóricas o de acusaciones directas, el Papa les puso la cara colorada a los cardenales y obispos bajo cuya responsabilidad está la Iglesia de la otra orilla. Aunque su densa disertación requerirá un análisis más detallado, aquí van algunas perlas.

Hablando del cumplimiento del llamado Documento de Aparecida, surgido de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en 2007 en el santuario de la patrona de Brasil y en el que participó activamente el entonces cardenal de Buenos Aires, el ahora Papa se pregunta y les pregunta: “¿Procuramos que nuestro trabajo y el de nuestros sacerdotes sea más pastoral que administrativo? ¿Quién es el principal beneficiario de la labor eclesial, la Iglesia como organización o el Pueblo de Dios en su totalidad?”. Luego, pasa a criticar uno por uno los vicios de la Iglesia latinoamericana. El primero es la ideologización del mensaje evangélico que practican sobre todo “grupos de élite” que “reduce el encuentro con Jesucristo” a una “dinámica descarnada de autoconocimiento”. Después de no dejar títere con cabeza, critica el funcionalismo: “Su acción en la Iglesia es paralizante. Más que con la ruta se entusiasma con la ‘hoja de ruta’. La concepción funcionalista no tolera el misterio, va a la eficacia. Reduce la realidad de la Iglesia a la estructura de una ONG. Lo que vale es el resultado constatable y las estadísticas. De aquí se va a todas las modalidades empresariales de Iglesia. Constituye una suerte de ‘teología de la prosperidad’ en lo organizativo de la pastoral”. Como si no fuera suficiente, arremete contra el clericalismo. Aquí va a la yugular: “Es también una tentación muy actual en Latinoamérica. Curiosamente, en la mayoría de los casos, se trata de una complicidad pecadora: el cura clericaliza y el laico le pide por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta más cómodo. El fenómeno del clericalismo explica, en gran parte, la falta de adultez y de cristiana libertad en buena parte del laicado latinoamericano. O no crece (la mayoría), o se acurruca en cobertizos de ideologizaciones o en pertenencias parciales y limitadas".

Pero cuando más contundente se mostró Francisco fue a la hora de tratar el perfil que debe de tener un obispo: “El obispo debe conducir, que no es lo mismo que mangonear. Los obispos han de ser pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan ‘psicología de príncipes”.


FUENTE: EL PAÍS (Pablo Ordaz) 29 JULIO 2013

EL PAPA SE HACE FUERTE EN BRASIL

Hasta hace cuatro meses, el mensaje de la Iglesia era despacito y buena letra. Ante los graves problemas que amenazaban con socavar los cimientos de una institución milenaria —las denuncias de pederastia, la corrupción económica—, la respuesta indolente de sus altos mandatarios bloqueaba cualquier cambio: “Ese problema ya lo tuvimos en el siglo XIII”. Joseph Ratzinger, anciano y solo, fue aislado convenientemente por la curia romana, que se disputó ferozmente la túnica de su sucesión. Su escandalosa renuncia —el grito de un hombre que jamás había levantado la voz— propició la llegada de Jorge Mario Bergoglio. El papa argentino no solo está decidido a limpiar el Vaticano, sino a utilizar la fuerza que sigue teniendo la Iglesia —representada en los cientos de miles de jóvenes que han participado en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Río de Janeiro— para luchar por un mundo más justo. Su mensaje final a las más de dos millones de personas reunidas en la playa de Copacabana no deja lugar a dudas: “Llevar el evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo”.

Las imágenes, aunque espectaculares, no alcanzan a reflejar el ambiente de fiesta que rodeó la presencia del papa Francisco en Brasil. Durante casi una semana, a pesar de la lluvia y los problemas de organización, cientos de miles de jóvenes llegados de todo el mundo han participado en las catequesis con los obispos y, sobre todo, en los encuentros con un Papa que, lejos de pedirles mesura, los ha animado a armar jaleo. Si hay que elegir un momento clave, tal vez fue en el encuentro con los muchachos argentinos donde Bergoglio trazó su hoja de ruta: “Quiero que salgan a la calle a armar lío, quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que la Iglesia abandone la mundanidad, la comodidad y el clericalismo, que dejemos de estar encerrados en nosotros mismos. Que me perdonen los obispos y los curas, pero ese es mi consejo…”. De Brasil, el papa Francisco se lleva a Roma el respaldo total de la infantería de la Iglesia para luchar contra “la incoherencia” del Vaticano.

El sábado por la noche, al principio de la Vigilia que se celebró en la playa de Copacabana, el Papa volvió a alentar a los jóvenes para que tomen las riendas de su futuro. “Por favor”, les dijo, “no dejen que otros sean los protagonistas de los cambios, ustedes son el futuro”. Por momentos, más que el anciano jefe de una iglesia milenaria parecía un líder radical que agitaba a las masas. Su voz sonaba por los altavoces de toda la avenida Atlántica entre aplausos de los muchachos que ya iban preparando sus sacos de dormir para pasar la noche al raso. “No sean cobardes, no balconeen la vida, no se queden mirando en el balcón sin participar, entrad en ella, como hizo Jesús, y construid un mundo mejor y más justo”.

De nuevo, el Papa construyó su discurso en paralelo. Una parte, destinada a fortalecer la fe ya existente de los jóvenes que, desde todas las partes del mundo, han viajado hasta Río de Janeiro para encontrarse con él. La otra —a menudo más extensa— dirigida a todos los públicos, destinada a quienes desde hace cuatro meses observan, entre sorprendidos e incrédulos, la irrupción en el panorama mundial, no solo religioso, de este Papa con ganas de pelea. En este plano, animó a los jóvenes a no tener miedo de “ir a contracorriente”. Les confió que había seguido “atentamente” las noticias sobre los cientos de miles de jóvenes que en muchas partes del mundo, y últimamente en Brasil, se han manifestado en las calles “para expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna”. El papa Francisco ofreció un claro espaldarazo a los indignados: “Son jóvenes que quieren ser protagonistas del cambio. Los aliento a que, motivados por los valores del evangelio, sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas presentes en sus países”.

Será muy interesante observar en los próximos meses qué lectura hacen de estos consejos muy claros de Jorge Mario Bergoglio —salir a la calle, armar lío, ser protagonistas del cambio hacia el compromiso social de los gobernantes— los sectores más conservadores de, por ejemplo, la Conferencia Episcopal española, liderada todavía por monseñor Rouco Varela y alineada hasta formar un solo cuerpo con un Gobierno que —por sus obras los conoceréis— camina en la dirección contraria a los postulados y el estilo del nuevo Papa. Rouco y el Gobierno del Partido Popular (PP) siguen poniendo el acento en el infierno —demonizar al contrario, recortar los derechos civiles que la base católica ya había aceptado con tolerancia— mientras que Bergoglio apuesta hasta la saciedad por el encuentro con el distinto y, sobre todo, por el diálogo “sin gratuitas ideas preconcebidas”. Desde Brasil, el Papa regresa a Roma más fuerte. Pero su próximo viaje no será tan placentero. La reforma de la curia y, sobre todo, del banco del Vaticano, se presentan como una auténtica incursión en el lado oscuro.

FUENTE: EL PAÍS (Pablo Ordaz), 29 JULIO 2013


LUMEN FIDEI: TEOLOGÍA DE UNA FE CRISTIANA, FALTA DE ENCARNACIÓN (José Ignacio Calleja)

Me gusta acoger las encíclicas con un comentario amplio y personal; pura libertad, no porque suponga que mi palabra sea necesaria. Y lo haré en cuanto pueda. La Lumen fidei es una encíclica de Benedicto XVI. Es de su exclusiva competencia intelectual y teológica. Esto no es un juicio de estilo sino una constatación. Yo no sé si Francisco va a decir doctrinalmente las cosas de otro modo más encarnado y pastoral. Supongo que sí. Pero no creo que las esperanzas sobre el papa Francisco sean doctrinales, sino de gobierno, pastorales y sociales. Las mías, al menos.

Lumen fidei representa la teología de la fe típicamente universitaria y culta, pero idealista y desencarnada. Una interpelación a la modernidad ilustrada y postulándose como su complemento natural para salvarla. Para salvarla de su vacío de sentido, que no de su injusticia social absoluta. 
Bien asentada en la teología bíblica y sistemática europea postvaticana, - neoescolástica moderada -, hace una recepción muy insuficiente del valor salvífico de la historia humana de la justicia, porque propone el Dios de Jesús sin pasar por la vida del Jesús de Dios. Y así, la sacramentalidad de la historia, de los empeños liberadores, de la primacía de los más pobres, de la lucha por la justicia desde ellos y con ellos, del sufrimiento injusto a manos de otros humanos, del pecado estructural, del mismo Dios que en Jesús, - no sólo muere, sino que lo matan por ambición y poder de los humanos más poderosos,… -, todo esto se le escapa. (De hecho, creo que no utiliza, - lo digo con un creo, por si se me ha colado -, el concepto pobres, víctimas o pecados de injusticia en todo el texto).

Teología neoclásica, - con componentes bíblicos y espirituales muy logrados y hermosos -, pero que no escapa, - ni lo pretende -, a una concepción de la vida y la historia humanas como tránsito coyuntural para alcanzar el verdadero destino humano. Veo al fondo, a San Agustín convertido, en todo su esplendor. Una oportunidad para glorificar a Dios, un quehacer casi menor para alcanzar nuestro verdadero destino junto a Dios. Es lógico así, que la Historia de la Salvación, “ya sí – todavía no”, - en la que Dios trajina la salvación con los ingredientes de la historia entera, a partir de la dignidad de la víctimas y de su sufrimiento más injusto -, esta fe agustiniana y neoplatónica de Lumen fidei no la contemple. Así, la vida humana y social, la historia cotidiana es un asunto derivado y externo a la sustancia de la fe. No prescindible, pero sí, subordinado.

Todo se juega en una la fe, bien pensada y creída con la Iglesia y su Magisterio, celebrada y realizada en los Sacramentos, alimentada en Oración, practicada en una vida personal y familiar santa. Lógicamente el mundo, por esta fe, está llamado a ser mejor y así debemos hacerlo. Pero ese mundo, en su injusticia más absoluta, no cuestiona qué significa esa fe, ese Credo, esos Sacramentos, esa Familia, esa Justicia, ese Sufrimiento humano. Ellos no se sienten cuestionados. Saben de su significado sin contar con ese factor de la historia.


La fe se define desde sí misma en Lumen fidei, - a mi juicio insuficientemente -, porque el Dios de Jesús no cobra claridad desde el Jesús de Dios, y el mundo real no cobra claridad desde la dignidad de las víctimas de la injusticia a manos de otros humanos poderosos. Y así no es posible darle a la Fe cristiana todo su significado de Encarnación. Queremos llegar al cielo apenas sin pasar por la tierra, y eso no es posible más que en la caverna de Platón. Francisco, tenemos tarea.

FUENTE: ECLESALIA. José Ignacio Calleja es profesor de Moral Social Cristiana en Vitoria-Gasteiz.

ESE MONUMENTO DE PAPEL

Pues resulta que voy a la librería de Antonio Méndez, en la calle Mayor, y le digo oye, compañero, ¿tienes la Biblia nueva que acaba de sacar la Conferencia Episcopal? Y Antonio, que es amigo hace veinte años, me mira de reojo y dice te veo chungo, maestro, una Biblia a tus años. De qué vas, Tomás. ¿Has visto la luz, o qué? Y yo le respondo que menos choteo, chaval, o la compro en el Corte Inglés. Grandes superficies, que se dice ahora. Y además quiero dos, una para regalar. Pues la tengo que pedir porque no la tengo, redunda Antonio. Y yo le digo: debería darte vergüenza. Un librero sin Biblia nueva en el escaparate. Ya sé que no vas a misa ni yo tampoco, y que monseñor Rouco y sus mariachis te caen, como a mí, igual que una patada en el duodeno. Pero no estamos hablando de opio del pueblo, ni de tocapelotas nietos de Trento, ni de estragos históricos y sociales, sino de cultura, chaval, que para ser librero no te enteras. De uno de los caudales de sabiduría que nos hizo lo que somos, cóscate, Viejo y Nuevo Testamento, cultura judeocristana que, combinada con el Islam mediterráneo, Grecia, Roma y toda la parafernalia, hizo lo que llamamos Europa y de rebote Occidente: sitio que lo mismo también te suena, Antoñete; aunque a esa vieja Europa, en tiempos referente moral del mundo, cuna de derechos humanos y crisol de cultura, ya no la reconozca ni la madre que la parió. Dicho en lenguaje de librero, para entendernos, te hablo del mayor bestseller de la Historia, necesario para quien pretenda estar al tanto de lo que es y lo que hace. Para tenerlo tan a mano como a Cervantes, Shakespeare y Montaigne: cuatro patas de la mesa donde algunos apoyamos los codos cuando estamos cansados. No sé si me explico. 

Concluida la guasa entre Antonio y yo, una semana después tengo al fin esa nueva Biblia en casa; y, aparte el pequeño inconveniente de maldecir en arameo el tacto áspero de su encuadernación en tela bajo las guardas -la tela en los libros siempre me dio dentera-, disfruto con sus páginas de papel sutil y agradable al tacto, la limpia tipografía y el peso reconfortante del volumen en las manos. Es un hermoso ejemplar con la nueva traducción canónica de los textos sagrados al castellano, que será utilizada en todos los actos litúrgicos y catequéticos, o como se diga, de la Iglesia Católica de aquí. El canon, para entendernos, de la Biblia oficial en lengua de Cervantes. Esto lo convierte en libro de extraordinaria importancia; pues, aparte la lectura íntima que haga cada cual, su texto, leído en misa y utilizado a partir de ahora en las actividades relacionadas con el asunto, influirá directamente, en la lengua que hablan y escriben varios millones de católicos de habla hispana. Que se dice pronto. 

Pero ésa, la de la peña practicante, sólo es una parte. Al fin y al cabo, la Biblia es también, y sobre todo, un magnífico caudal de diversión, reflexión y conocimiento. Un monumento indispensable para comprender sobre qué cañamazo se tejió lo que algunos cabrones reaccionarios y gruñones como el arriba firmante todavía llamamos, con una mezcla de melancolía y de guasa escéptica, cultura occidental; dicho sea sin ánimo -o con ánimo, qué puñetas- de ofender. En ese contexto, la Biblia es una fuente extraordinaria de relatos, aventuras, batallas, traiciones, amores, emociones y simbolismos; materia de la que hace tres mil años viene nutriéndose el mundo civilizado y que inspiró a los más grandes filósofos y artistas de todas las épocas; literatura, música, pintura y cine incluidos. Nadie que busque lucidez e inteligencia, que quiera interpretar el mundo donde vive y morirá, puede pasar por alto la lectura, al menos una vez en la vida, del libro más famoso e influyente -para lo bueno y lo malo- de todos los tiempos. El Antiguo y el Nuevo Testamento, para unos historia sacra y revelación divina, y para otros llave maestra de cultura e ilustración, son imprescindibles para comprender cómo llegamos aquí, lo que fuimos y lo que somos. Compadezco a quien no tenga un Quijote y una Biblia en casa, aunque sólo sea para decorar un mueble y leer cuatro líneas de vez en cuando. Y quien sí sea lector, que calcule. Sólo la Biblia, releída una y otra vez, bastaría para colmar una vida entera. Y ojo. Insisto en que no se trata de religión, sino de cultura. La de verdad; no esa papilla desnatada, presuntamente educativa, impuesta por quienes legislan desde su cateta mediocridad. Oponer prejuicios a la Biblia es como oponerlos a una catedral: no hace falta creer en Dios para visitarla y admirar su belleza. Para sentir lo majestuoso de la memoria que atesoran sus viejas piedras.

FUENTE: ARTURO PEREA REVERTE.
XL SEMANAL 4 ABRIL 2011

MARTINI, EL PAPA QUE NO PUDO SER

El cardenal Carlo Maria Martini, en abril de 2005. / MARCO LONGARI (AFP)

Tal vez presumiendo que, a su muerte, todos se iban a pelear por su túnica, el cardenal Martini eligió la manera de marcharse. Su cómplice fue el párkinson, el verdugo que desde hacía 16 años le venía quitando la vida poco a poco, el mismo que, allá por la primavera de 2005, segó de un tajo su única posibilidad de salir de un cónclave convertido en Papa. Un Papa moderno, dialogante, crítico, con dudas. Un Papa imposible. 
Así que, el pasado 8 de agosto, Carlo Maria Martini —cardenal de Milán desde 1979 a 2002— recibió al también jesuita Georg Sporschill y le concedió una entrevista. Después de revisarla, incapaz ya de comer, de beber y casi de hablar, llamó a su médico y le dio las instrucciones precisas para que lo dejara morir en paz, sedado, sin tratamiento terapéutico. Fue su último acto de rebeldía. Un día después de su muerte, acaecida el 31 de agosto en la residencia de los jesuitas en Gallarate (Varese), el diario italiano Corriere della Sera publicaba la entrevista. Su testamento vital. Su llamada de atención:

—La Iglesia está cansada, en Europa y en América. Nuestras iglesias son grandes, nuestros conventos están vacíos y la burocracia de la Iglesia aumenta. Nuestros rituales y nuestra ropa son pomposos. ¿Expresan estas cosas lo que somos hoy día?

Aquel 8 de agosto, el jesuita alemán Georg Sporschill acudió a la residencia de Gallarate junto a Federica Radice Fossati Confalonieri, laica, amiga de ambos, encargada de traducir preguntas y respuestas. Sporschill hablaba en alemán. El cardenal Martini, en un italiano apenas audible. “Creíamos”, contó después Federica, “que íbamos a estar allí 10 minutos, pero la conversación se prolongó por dos horas”. El día 23, la traductora regresó a la residencia de los jesuitas y obtuvo de Damiano Modena, el secretario del cardenal, el visto bueno a la entrevista. Eso sí, con una petición: “El texto es estupendo, pero es muy fuerte. Esperemos a hacerlo público después de la muerte”. Todos tenían la seguridad entonces de que aquellas palabras estaban destinadas a ser incluidas en el testamento del Carlo Maria Martini. Las palabras del “cardenal del diálogo”, del “hombre que hablaba al corazón de todos” —así lo ha calificado la prensa italiana—, reflejan, desde hace años, su preocupación por el divorcio entre la Iglesia católica y el mundo que la rodea.

—¿Qué herramientas recomienda usted para vencer la fatiga de la Iglesia?

—Yo recomiendo tres muy fuertes. La primera es la conversión: la Iglesia debe reconocer sus errores y seguir un proceso de cambio radical, empezando por el Papa y los obispos. Los escándalos de pederastia nos empujan a emprender un camino de conversión. Las preguntas acerca de la sexualidad y todos los temas relacionados con el cuerpo son un ejemplo. Estos son importantes para todo el mundo y, en ocasiones, tal vez son demasiado importantes. Debemos preguntarnos si la gente sigue escuchando los consejos de la Iglesia en materia sexual. ¿En este campo la Iglesia sigue siendo una autoridad o solo es ya una caricatura en los medios? La segunda es la palabra de Dios. El Concilio Vaticano devolvió la Biblia para los católicos. Solo la persona que percibe en su corazón esta palabra puede ser parte de los que ayudan a la renovación de la Iglesia y responderán a las preguntas personales con una elección acertada. La palabra de Dios es simple y busca como compañero un corazón que escuche. Ni el clero ni el derecho canónico pueden sustituir a la interioridad del hombre. Todas las reglas externas, leyes, dogmas, son elementos para aclarar la voz interior y el discernimiento de los espíritus. ¿Para qué están los sacramentos? Estos son el tercer instrumento de sanación. Los sacramentos no son una herramienta para la disciplina, sino una ayuda a los hombres para el camino y las flaquezas de la vida. ¿Llevamos los sacramentos a las personas que necesitan fuerzas renovadas? Pienso en todas las parejas divorciadas y vueltas a casar, en las familias extendidas. Esta gente necesita una protección especial. La actitud que tomemos hacia las familias extendidas determinará la cercanía de la Iglesia a la generación de los hijos. Una mujer que es abandonada por su marido y tiene una nueva pareja que cuida de ella y sus tres hijos. Si esta familia es objeto de discriminación, se corta su relación con la Iglesia, no solo la relación de la madre, sino también la de sus hijos. Si los padres están fuera o no sienten el apoyo de la Iglesia, esta perderá la próxima generación…

Después de leer las reflexiones del cardenal Martini —las que hizo antes de morir y otras publicadas en libros o artículos de prensa—, no deja de llamar la atención que su sentido común pudiese ser piedra de escándalo en la Iglesia. Que hubiese quienes lo llegaran a considerar un anti-Papa. El propio cardenal se cuidó muy bien de mantener su lucha interior —entre la fe y la duda— dentro de la Iglesia. Su decisión de ser enterrado en la catedral de Milán —tras un funeral al que asistieron decenas de miles de personas— es el más claro ejemplo. Pero, por si cabía alguna duda, el general de los jesuitas, el español Adolfo Nicolás Pachón, quiso despejarla: “Era, ante todo, un hombre libre. Creo que Carlo Maria Martini ha sido un hijo de san Ignacio hasta el final”.

Usó su libertad, por ejemplo, para discrepar de la Iglesia y admitir con naturalidad las uniones civiles entre personas del mismo sexo: “Si dos personas gais desean firmar un pacto para dar una cierta estabilidad a su pareja, ¿por qué queremos que no sea así?”. O para condenar el encarnizamiento terapéutico, o para criticar la pompa y la burocracia del Vaticano:

—La Iglesia se ha quedado atrás 200 años. ¿Cómo no vamos a agitarnos? ¿Tenemos miedo? ¿Miedo en lugar de valor? La fe es el fundamento de la Iglesia. La fe, la confianza y el valor. Yo soy ya viejo y enfermo y dependo de otros. La buena gente a mi alrededor me hace sentir el amor. Este amor es más fuerte que el sentimiento de desconfianza que a veces se percibe hacia la Iglesia en Europa. Solo el amor vence a la fatiga. Dios es amor…

El entierro del cardenal Martini constituyó un espectáculo difícil de entender fuera de Italia. A la catedral de Milán acudió el jefe del Gobierno, Mario Monti, pero también líderes de la izquierda, representantes de otras confesiones religiosas y gente, mucha gente. Los periódicos dedicaron multitud de páginas y durante días las tertulias de la radio divagaron sobre una pregunta imposible: ¿qué sería de la Iglesia si Martini hubiese sido Papa…?

FUENTE: EL PAÍS (Pablo Ordaz) 9 SEPTIEMBRE 2012

ABORTO Y VIDA NACIENTE CON MALFORMACIONES

Juan Masiá Clavel

No soy ginecólogo, ni jurista, ni casado. Mi relación con el aborto se produce en dos campos: el consultorio espiritual y la clase de ética. Desde esas perspectivas comento sobre las decisiones conflictivas de interrupción o prosecución de un embarazo amenazado por patologías que hacen dudar de la conveniencia de protegerlo.

Respetando la privacidad de las personas que acuden a consulta, se puede dar desde esa experiencia el testimonio siguiente: ni en el caso de la mujer embarazada que, con pesar e incertidumbre, optó por interrumpir el camino hacia el nacimiento de una vida seria e irremisiblemente afectada por malformaciones graves, ni en el caso de la que, en circunstancias semejantes, optó por llevar a término la gestación en medio de la angustia por la inseguridad acerca del futuro de esa vida; en ninguno de ambos casos, reitero, descubrimos indicios de que hayan tomado la decisión a la ligera, sin sufrir ni dudar. Claro es que, en el caso contrario, no habrían venido a esta consulta. Pero también es cierto que, tanto quienes analizan la sociología del comportamiento abortivo, como las mismas personas que mantienen una postura en pro de la mayor permisividad legal, coinciden en reconocer que el aborto conlleva aspectos traumáticos que impiden decidirlo sin más, frívolamente.

El acompañamiento de las personas en la toma de decisión requiere las condiciones siguientes en quien las atiende en el consultorio: 1) dolerse con la persona doliente; 2) ayudarla en su toma de decisión, con la información debida y el apoyo personal; 3) respetar que sea ella quien tome la decisión (sin imposición prohibitiva, ni complicidad permisiva); 4)no condenarla, aunque la decisión que haya tomado no sea la más deseable desde determinada perspectiva moral; 5) no abandonar a la persona después de la toma de decisión, cuando necesite apoyo postraumático.

Desde esta experiencia, no veo incompatibilidad entre asentir razonablemente al criterio de un moralista que califica determinada decisión de abortar como objetivamente no deseable y, al mismo tiempo, respetar la decisión responsable y en conciencia de esa persona que, tras sopesar las alternativas, optó por el mal menor, no sin sufrimiento. Si moralmente no lo condenamos, tampoco aceptaremos que legalmente la penalicen.

A quien trata estas cuestiones en el marco académico del estudio de la ética, le duele el tratamiento simplista del tema. Por ejemplo, hablar de malformaciones en general; meter en un solo paquete todos los casos, desde un simple estrechamiento del conducto esofágico en un síndrome de Down hasta una anencefalia; no caer en la cuenta de la incoherencia que supone penalizar la interrupción del embarazo en supuestos seriamente graves a la vez que se recorta el apoyo con la ley de dependencia a la crianza, sanidad y educación de esa vida discapacitada; y un largo etcétera de acusaciones de antivida a quienes optaron dolorosamente por un mal menor en situación de conflicto o presunciones de provida para quienes impusieron por motivaciones ideológicas la opción contraria.

Admito que no podemos tratar los problemas en la prensa como en la clase. Pero también es papel de los medios ayudar a la opinión pública a clarificar los problemas, tanto en ciencia como en ética. No voy a tocar aquí el tema del comienzo de la vida humana individual, que sitúa la cuestión de su interrupción, en el sentido estricto, no antes de la fase fetal, pasado el segundo mes tras la concepción. Me limitaré a unos ejemplos sobre la complejidad de las malformaciones de la vida naciente.

Un feto anencéfalo, carece de las mínimas estructuras neurológicas como soporte para la formación de una persona, desde respirar autónomamente hasta capacitarse para cualquier acto estrictamente humano de sentir, pensar o querer. Aunque hubiera razones para no interrumpir su alumbramiento, no sería por considerarlo una realidad humana personal. El aborto de un anencéfalo no es el aborto de un ser humano.

Un feto con una malformación incompatible con la vida extrauterina (supongamos el caso de una agenesia renal irremediable), no podrá llegar a realizar acción humana, porque no sobrevivirá. Es asemejable al ejemplo anterior.

Ejemplos más delicados: fetos con patología grave, sin solución curativa, solo paliativa. “Ante un diagnóstico prenatal de estas características, la mayoría de padres solicita una interrupción de la gestación acogiéndose al tercer supuesto de la ley del aborto”. Aunque objetivamente cueste asentir a este planteamiento “debemos”, dice el doctor F. Abel, ginecólogo y teólogo moral, “respetar a las personas que se encuentran en esta situación y las decisiones que toman” (Diagnóstico prenatal,Instituto Borja de Bioética, 2001, pp. 3-26). 

Al mismo tiempo habrá que seguir trabajando para que en nuestra sociedad no se discrimine a causa de la discapacidad y se responsabilice la sociedad entera del apoyo a la dependencia en todas las fases de la vida. Sin hacer esto último, no tendrá credibilidad el legislador que intente suprimir el citado tercer supuesto.

Estos ejemplos pretenden evitar precipitaciones en la manipulación de la opinión pública. Que motivaciones menos confesadas —política, ideológica o religiosamente— no nos impidan debatir con seriedad científica y responsabilidad ética.

Juan Masiá Clavel es jesuita y profesor de Bioética en la Universidad católica Sophia, de Tokio.

FUENTE: EL PAÍS, 3 AGOSTO 2012 

EL MÚSICO DE DIOS (Belén Altuna)

Leyendo las pinceladas biográficas de ese genio informático venerado por casi todos que fue Steve Jobs, me encuentro con esta respuesta dada al virtuoso Yo-Yo Ma cuando éste tocó en su casa un tema de Bach con unstradivarius de 1733: "Tu interpretación es el mejor argumento que he oído nunca sobre la existencia de Dios". Lo que me resulta sorprendente no es la exclamación en sí, sino la cantidad de personas que han dejado testimonio de la misma impresión. Poco antes se lo había leído a Coetzee: "La mejor prueba de que tenemos de que la vida es buena y de que después de todo tal vez exista un Dios que se preocupa por nuestro bienestar, es que a cada uno de nosotros, el día que nacemos, le llega la música de Johann Sebastian Bach. Nos llega como un regalo que no nos hemos ganado, inmerecido, gratis". Y sabía que mucho antes Goethe también lo había resaltado: "Al oír la música de Bach tengo la sensación de que la eterna armonía habla consigo misma, como debe haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo".
El más radical de los testimonios, sin embargo, es el de Cioran, que no acostumbraba a andarse con chiquitas: "He dicho que Dios le debe todo a Bach. Sin Bach, Dios sería un personaje de tercera clase. La música de Bach es la única razón para pensar que el Universo no es un desastre total. Con Bach todo es profundo, real, nada es fingido. El compositor nos inspira sentimientos que no nos puede dar la literatura, porque Bach no tiene nada que ver con el lenguaje. Sin Bach yo sería un perfecto nihilista".
No sé ustedes, pero también yo he sentido más de una vez algo parecido escuchándole. Y no necesariamente en sus grandes oratorios, pues el efecto es mayor, en realidad, en sus obras para un solo instrumento, como en las maravillosas Variaciones Golberg, el Clave bien temperado o las Suites para violonchelo. Una pureza, una armonía, una belleza que no parecen de este mundo, que nos elevan y nos sacan de aquí. De un aquíhecho de pequeñas miserias cotidianas, un aquí trivial y claroscuro, un aquí ordinario y chato.
¿Cómo puede la música generar un sentimiento, un determinado estado anímico? ¿Y por qué uno y no otro? Es un hecho misterioso. La música pop que nos rodea por todas partes y a todas horas nos produce según los casos alegría, tristeza, irritación o indiferencia, pero en cualquier caso es una música que canta a la cotidianidad, una melodía mundana que ensalza la normalidad del aquí y ahora. En cambio, Bach creaba tanto sus obras sacras como profanas para ensalzar "la gloria de Dios". Y lo impresionante es que siglos más tarde sigue generando en el que las oye -aunque seamos tan ateos como el mismo Cioran- una elevación del espíritu, una sensación de grandeza, un henchimiento extraordinario. Una belleza desbordante. Que la disfruten. Urte berri on!

FUENTE: EL PAÍS, 28 DICIEMBRE 2001

NAVIDAD SIN ÁNGELES NI PASTORES (Manuel de Unciti)

La adoración de los pastores (Murillo)


Los relatos de la primera Navidad no son cuenticos para niños. El evangelista Lucas que los escribe no es un lírico ternurista. Si se lee con inteligencia, se advierte pronto que, tras una exposición amable, restalla la denuncia implacable. Ocurre así con el cántico angélico, con ese «Gloria Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres, que Dios ama».

Poetas de medio mundo y una pléyade de músicos de todos los tiempos han encontrado inspiración y aliento en este breve versículo. Por desgracia, el lirismo se ha 'comido' el trallazo de la denuncia. Y lo que en el texto lucano era un formidable alegato contra una política romana de divinización del César que, desde Roma, gobernaba en Palestina desde hacía ya seis décadas y una atormentada descripción de los odios cainíticos y de las rivalidades que asolaban la región, con el paso del tiempo se ha transformado en una encantadora aparición, a medianoche, de coros angélicos a unos cuantos ingenuos pastores.

Y es que aquí está Lucas, el mejor Lucas, el evangelista de la opción preferencial por los pobres. Los pastores eran en los días del nacimiento de Jesús el colectivo social peor considerado. Su rusticidad era proverbial. Sus modos de vida les imposibilitaba para seguir todas las normas y pautas de la legislación religiosa judía. Vivían en los márgenes de los márgenes. Eran, en verdad, unos perfectos marginados. Pues bien: Lucas convoca a estos pastores -marginados y despreciados- hasta hacerlos los destinatarios primeros de la buena nueva, los primeros en saborear «la gran alegría» de que acababa de nacer un niño que, andando el tiempo, sería su gran liberador. A este niño se le llamará 'Yeshoshúa' -abreviado 'Yeshúa'- que significa «Yahvé salva». ¡Nada menos!

La elección de este nombre no tiene nada de ingenuo. Acababa de tributársele al emperador Octavio el título de 'augusto', lo que equivalía a llamarle 'sublime', apelativo hasta entonces reservado a los dioses. Se le aclamaba como «salvador del mundo», como «portador de paz», como «creador de prosperidad» para toda la humanidad. Lucas, en su evangelio, milita contra esta desbordada catarata de calificaciones por encima de todo elogio. Para él, el 'Yeshúa' que nace será -es- el verdadero 'Príncipe de la paz', tal como ya lo habían anunciado los viejos profetas. Comienza así un enfrentamiento que culminará, en 34 ó 36 años después, con la crucifixión de Jesús un 7 de abril, víspera de la pascua judía.

El que se podría considerar como 'departamento de propaganda y agitación' seguía mientras tanto su trabajo. En muchas poblaciones se erigían estatuas al César, junto a los templos o lugares del culto. En Cesarea del mar, valga por caso, se levantaron junto al templo dos gigantescas estatuas. Una dedicada a Roma; la otra, al emperador Octavio Augusto. Todas las naves que atracaban en el puerto de la 'pequeña Roma' tenían que fijar sus ojos en los brillos de la piedra blanca pulida de las colosales estatuas.

El no da más, con todo, de la sublimación del César y de Roma consistió en la colocación del águila imperial, toda de oro, sobre la principal puerta de entrada al templo de Jerusalén. Todos los fieles adoradores de Yahvé se veían así obligados a pasar bajo el refulgente símbolo del poder romano. !Nada podía ser más humillante para los judíos! Yocurrió lo que no podía menos que ocurrir: los maestros de la Ley de Moisés Judas y Matías logran reunir junto a ellos a 42 jóvenes que, amparados por las tinieblas de la noche, hacen trizas al águila del Imperio. La reacción del rey Herodes no se hizo esperar: mandó quemar a los 42 muchachos y a sus maestros. Yes, precisamente, por estos días cuando nace en las afueras de Belén Yeshúa. No alcanzará éste a conocer al rey Herodes el Grande. El tirano, sanguinario y más que cruel, muere en su palacio de Jericó tres o cuatro años antes. Su fama -su mala fama- se prolongará por años; mala fama que Lucas, con evidente exageración, traduce en la 'matanza de los inocentes'.

Pero ¿es que cabía exagerar un nada así al presentar la biografía de Herodes? No. Su mala fama es trasunto fiel de su tiranía. Mató, en primer lugar, a su cuñado Aristóbulo; luego, a su mujer Mariamme, acusada de adulterio; más adelante a su suegra Alejandra. Y, luego, a sus hijos Alejandro y Aristóbulo, que tenían que ser sus legítimos herederos. Cinco días antes de morir todavía tuvo tiempo para matar a su otro hijo Herodes Antípatro. No. Lucas no carga las tintas. Describe la falta de paz en la tierra. La ira del pueblo judío, contenida durante los 34 años de crueldad, revienta a la muerte del tirano. En diversos puntos de Palestina la algarada popular hace actualidad. Saquea el palacio herodiano de Jericó. También -y más aún-, el palacio de Séforis. Se apodera de armas de los militares y del grano almacenado. En Emaús, el pastor Atronges se enfrenta con los suyos a las tropas herodianas. Y¿Roma? El gobernador de Siria, Varo, se pone al frente de un ejército de no menos de 20.000 hombres. Destruye Séforis y hace una contundente redada de esclavos. Unos dos mil fueron crucificados cerca de Jerusalén. 'Paz en la tierra'. El himno angélico es, todo él, una implacable denuncia.La Navidad lucana tiene poco -o nada- de lírica. No es el 'cuentico ternurista' en que la hemos convertido.

FUENTE: DIARIO VASCO, 28 DICIEMBRE 2011

¿SE VIVE MEJOR SIN DIOS?



Me pregunta un amigo por qué en tiempos de crisis, incluso las económicas como en la actualidad, el ser humano se refugia más en la fe en Dios. Difícil responder a esa pregunta, ya que para mí si Dios sirve para algo debería ser para los tiempos de alegría y felicidad, no para los tiempos del miedo.

Los padres del científico y escritor Leonard Mlodinov se salvaron de las garras del Holocausto. Él mismo salvó su vida el fatídico 11 de septiembre, en los bajos de una de las Torres Gemelas de Nueva York cuando se hundió. En una entrevista reciente le preguntaron en Brasil qué sentía al saber que Dios había salvado milagrosamente su vida y la de sus padres. Respondió: "No fue Dios, sino el acaso". Y añadió: "¿Qué Dios sería ese que salva a mis padres del nazismo y deja morir a seis millones de otros judíos?". "¿Qué Dios sería ese que me salva del atentado terrorista de Nueva York y deja morir a otras 3.000 personas?".

Difícil encontrar a Dios en los escombros de la muerte.

Lectores que no conozco suelen preguntarme, unos con respeto, otros, menos, si pienso que sin Dios se acaba viviendo mejor. Escribí hace 40 años un libro que se titulaba El Dios en quien no creo. Había sido el título de un artículo publicado en el desaparecido diario Pueblo de Madrid. Se les había colado a los censores franquistas. Quizás porque pensaron que si hablaba de Dios no podía ser nada subversivo. Lo era para la España católica y cerrada de entonces.

Me citó a su despacho el entonces arzobispo de Madrid, Casimiro Morcillo. Me dijo que el artículo estaba ayudando a los españoles a hacerse ateos porque afirmaba entre otras cosas que si Dios existe no podía existir el infierno y que no podía curar a unos y dejar morir a otros. Le mostré la carta que acababa de recibir de un matrimonio joven, en la que me decían que habían recortado el artículo y conservado para cuando sus dos hijos pequeños fueran mayores. "Nosotros no somos creyentes, pero si nuestros hijos un día quisieran creer, nos gustaría que creyeran en ese Dios irreconciliable con el infierno", decían.

No sirvió de nada. Desde aquel día, además de la censura franquista, la Iglesia de Madrid me impuso otro censor para mi columna de Pueblo, que se titulaba Las cosas claras.Sobre aquel libro, nacido de aquelartículo y traducido hoy a 10 idiomas, dos señoras encopetadas, cuando volvía en tren de Asís, donde había sido publicado, mirando con recelo la portada, me preguntaron: "¿Ese libro es a favor o en contra?" "Eso depende, señoras", les respondí.

Cada vez que hoy me preguntan si creo que es mejor o no creer en Dios suelo responder que eso no tiene importancia, ya que si existiese Dios, lo importante sería que él creyera en nosotros, como me había dicho monseñor Romero, quizás en su última entrevista antes de ser asesinado a tiros mientras celebraba la Eucaristía.

¿Se es más feliz sin Dios? Depende, señores. Difícil sentirse libres y realizados con el Dios al que aman y adoran los dictadores -con los que, por cierto, la Iglesia siempre se ha entendido mejor que con los demócratas-; difícil con el Dios absolutista incompatible con la democracia o con el Dios que recela de la sexualidad.

Es difícil que las personas, jóvenes o adultas, no lleven dentro de sí la sombra de un Dios castrador, aquel del que en un colegio de religiosas la madre superiora había escrito en los retretes de las alumnas: "Dios te está mirando".

El famoso poeta brasileño João Cabral de Melo Neto, cuando estaba para morir, quiso hablar con un sacerdote de la Teología de la Liberación. Le confesó que era ateo, pero que en aquella hora final lo asaltaba el miedo de "aquel infierno del que me hablaban de niño en la Iglesia". El teólogo le dijo que, además de no existir el infierno, un poeta nunca tendría lugar en él. Aquel teólogo era Leonardo Boff, condenado al silencio por el entonces cardenal Ratzinger y hoy papa Benedicto XVI.

El Dios del miedo es el Dios que no merece existir. El miedo es argamasa humana, es el arma de todos los poderes de la Tierra, no tiene nada de divino. Es tirano. Solo la felicidad es liberadora. El miedo es usado y abusado por las Iglesias institucionales. Jesús nunca impuso miedos a los que le seguían. Se los quitaba. Él los tuvo también. Tuvo miedo de morir, sudó sangre ante la inminencia de su muerte, pidió explicaciones a Dios de por qué dejaba que lo mataran si era inocente. Y de él tuvieron miedo los hipócritas y los poderosos, nunca los arrinconados o indignados.

Aquel profeta tenía solo un pecado: no creía en el sufrimiento ni en el dolor ni en la muerte como armas de redención. No soportaba ver sufrir a nadie. No le gustaban los muertos y los resucitaba. Nunca pidió a sus apóstoles que hicieran ayunos y penitencias, ni que fueran héroes o vírgenes. Estaban todos casados, como él.

Y no fue un profeta fácil: exigió, con naturalidad, algo que nos parece locura: devolver bien por mal. Sabía que la felicidad -que era su única teología- se engendra en la paz y no en la guerra, en el perdón y no en la venganza.

¿Se vive mejor sin Dios? "Depende, señores". Sin el que ofrecen las iglesias que no te permite morirte en paz, ni hacer el amor sin que te espíe como un policía, se vive mejor. Se vive mejor sin el Dios que pretende adueñarse de lo más sagrado del ser humano: su libertad y su conciencia. Por lo menos, sin él, se vive sin menos miedos, que no es poco.

¿Y con el Dios en el que creía monseñor Romero cuando lo acribillaron a balas en el altar por defender a los pobres contra el poder, se vive mejor?, se preguntarán algunos. ¿Se vive mejor con el Dios que apuesta siempre por los que pierden, el Dios de aquel Jesús que no solo perdonó en la cruz a los que blasfemaban contra él, sino que hasta los excusó: "Perdónales, porque no saben lo que hacen", expresión máxima del amor supremo que no humilla ni cuando perdona?

Creo que como mejor se vive es siendo fiel a la voz de la conciencia, más severa que las leyes porque no es posible burlarla, y que constituye la única fuente de libertad. El cardenal Newman, convertido del protestantismo al catolicismo, fue un defensor del primado de la conciencia sobre la ley. En la Carta al Duque de Norfolk cuenta que, si se viera obligado a hacer un brindis, lo haría "primero a la conciencia y después al Papa". Newman tiene una frase que aún hoy, después de dos siglos, sigue poniendo los pelos de punta a la Iglesia y a los teólogos tradicionales: "Prefiero equivocarme siguiendo a mi conciencia, que acertar en contra de ella". La Iglesia defiende, al revés, que la conciencia debe ser antes formada. Por ella y con el miedo, claro.

¿Se vive mejor sin Dios? Depende. Quizás se tenga a veces la tentación de creer en alguien más que humano, capaz de exorcizar la crueldad que siembra de muertos inocentes el planeta, la que pisotea a los que no tienen poder, la que exalta a los aprovechados, la que discrimina a los diferentes, la que violenta a los niños, la que quiere imponer a su Dios, la que humilla a la libertad. Pero ese, ¿no será más bien el Dios de nuestros sueños?Se podría vivir mejor solo con el Dios -si existiese- capaz de quitarnos a los mortales el miedo supremo de la muerte, sin la cual, curiosamente, dejarían de existir las religiones, como afirmaba Saramago. Se viviría mejor con el Dios que no nos prohibiese soñar. ¿Existe?

FUENTE: EL PAÍS (Juan Arias) 12 OCTUBRE 2011

UNA ASIGNATURA NUEVA



En este comienzo de curso escolar queremos hablar sobre un proyecto educativo, una asignatura nueva, con miras a trabajar con los jóvenes de cara al futuro, en el ámbito escolar. Una asignatura de dimensión espiritual que en forma de eslogan sería: 'Educar hacia dentro'. Una manera de ayudar a los alumnos a buscar el significado y el sentido de su vida. Un campo en el que todavía no hay demasiadas iniciativas y por eso vale la pena trabajar en ello.

La asignatura nueva 'educar hacia dentro' se basa en unos contenidos de interioridad, previamente escogidos, que si se trabajan coordinada y sistemáticamente dan sus frutos. Uno de los contenidos básicos es el silencio corporal. El cuerpo es la puerta más exterior que hay que abrir para ir hacia dentro. Y para ir hacia dentro hay que conseguir silenciar el cuerpo. Para ello los alumnos han de ser capaces de inducir en el cuerpo un estado, físico y mental, que les permita escucharlo y sentirlo, abstrayéndolos de tantos ruidos exteriores que estorban la apertura al interior. En una civilización como la nuestra, marcada por un materialismo exacerbado, la asignatura 'educar hacia dentro' ofrece un excelente contraste para que los adolescentes y jóvenes se pregunten por el sentido de la existencia. Es innegable que cuestionarse por qué existimos les ayudará a llegar a ser personas con un mínimo de madurez y profundidad.

La asignatura nueva se imparte durante varios cursos. Sigue un itinerario construido a partir de una programación, según la edad, de forma interdisciplinaria y con la participación de un grupo de profesores que conecten con esta profunda necesidad humana de espiritualidad y realicen con garantías este proceso interior en los adolescentes y jóvenes. La buena marcha del itinerario lleva también a una mayor comunicación entre los compañeros de clase. En este sentido, se puede decir que hasta contribuye a mejorar el clima de convivencia. Y sobre todo, el itinerario ofrece a los alumnos la posibilidad de profundizar en interioridad y en el sentido de la vida. La asignatura nueva 'educar hacia dentro' también puede hacer un gran bien al mismo centro escolar, porque impide, por ejemplo, que se convierta exclusivamente en una fábrica de mano de obra, es decir, en un centro de enseñanza pensando más en el mercado laboral que en la formación de la persona.

Sinceramente, creo que asignaturas de este tipo son muy necesarias porque aclaran cómo la escuela, a través de estos proyectos educativos de dinamismo espiritual, puede garantizar a los alumnos un espacio de reflexión y trascendencia. Por otra parte, creo que los adolescentes y jóvenes están en un momento vital y les toca vivir una época que les hace ser muy receptivos a este tipo de contenido. El debate actual sobre la religión en la escuela, si quiere ser mínimamente serio, debe centrarse en estos parámetros fundamentales y dejarse de controversias politizadas y de poco fuste.

JUAN AZPITARTE OLEA

FUENTE: DIARIO VASCO 10 OCTUBRE 2011

DOKUMENTUAK AZTERTZEN (Rufino Iraola)

Azken bolada honetan, zer esana franko ematen ari da Espainiako Eliza Katolikoaren buruzagitza. Artikulu asko sortarazi du. Horietako batzuk baliatuko ditut gaurko hau moldatzeko.
Esate baterako, José María Castillok honela dio 'Krisia: erlijioen isiltasuna' artikuluan: «Gaur Espainian gertatzen ari den gauzarik harrigarrienetakoa da erlijioek (pluralean) krisiaren gainean duten isiltasuna. Badakigu 'erlijio gizonak' azkar mintza-tzen direla beren interes ekonomiko edo pribilegio legal eta politikoak arriskuan direnean. Hortaz, zergatik isiltzen dira orain, jakinik lau milioi hiritar baino gehiago daudela langabezian, atzerritarren eskubideak eta presoenak koloka, gaixoak itxaron zerrendetan, gazteak lan eta etorkizunik gabe...?»
«Inor ez daiteke izan bi nagusiren morroi. Ez dago zerbitzatzerik, aldi berean, Jainkoa eta dirua (Mt 6,26)». Ebanjelioko zita horrekin hasten da 'Madrilgo Apaizen Foroko' dokumentua. 120ren bat apaiz omen dira. Rouco Varela gogor kritikatzen dute: Botereaz eta diruaz baliatu omen, Munduko Gazteen Jardunaldiko gastu neurrigabeak finantzatzeko. Apaizek uste dute Roucok indar politiko eta ekonomikoekin egin duen paktuak Elizaren irudia leku txarrean uzten duela, eta ahalik gabe geratzen, pobretuen aldeko salaketa profetikoa egiteko.
Pagolaren kasuaz 'La Gaceta' egunkarian datorrena: Iragan politiko nahasia eta fede katoliko susmagarria, abertzaletasunarekiko sinpatia garbia; Setienen gotzaintza-aldi lotsagarri hartan, haren eskuin-eskua.

Baina, Xabier Pikazak, bere blog-ean dioenez, Pagolak ez dauka 'Nihil obstat'en beharrik. Vatikano II.aren ondoren, Paulo VI.ak kendu egin zuen Liburu Debekatuen Indizea. Geroztik, Bibliaren itzulpen ofizialek, liturgi-liburuek eta katixima (dotrina) ofizialek bakarrik behar dute baimena. Gertatzen dena da argitaletxeak behar duela.
Setienen hitzak ere argigarriak dira: «Doktrinarako Gotzain Batzordeak ez dauka aginpiderik Pagolak dioena ortodoxiaren kontra dagoen ala ez erabakitzeko».
Hala ere, Joxe Arregiren artikulua da luzeena, ironiko eta zorrotzena. Dena zaila da, baina esaldi bat edo beste gogoratu nahi nuke: «Doktrina Batzordeko gotzain jaunok, zuentzat doktrina, baina itzul iezaguzue ebanjelioa, Jainkoaren eta kreatura guztien amoreagatik. Doktrina da beraiena; ez kendu, ea hurrena! ezer gabe geratzen diren! Ortodoxiaren jabeak (...) izango zarete, baina ez ebanjelioaren jabeak, ez askatasunaren eta kontsolamenduaren jabeak».

ITURRIA: DIARIO VASCO, 2011-07-07

¿QUIÉNES SERÁN LOS MEJORES? I Los mejores hombres (Jairo del Agua)

Estamos en época de exámenes y de balances. La mayoría tal vez piense que no les afectan ni los exámenes ni los cierres de cuentas de los patronos. ¡Se equivocan! Siempre es tiempo de examinarse y de hacer nuestro propio balance personal para pasar a preguntarnos cómo mejorar. Nos va en ello nuestro progreso, nuestra seguridad y hasta nuestra felicidad. Intentaré responder esquemáticamente a la pregunta de quiénes serán los mejores en este recién iniciado tercer milenio.

En la historia de la humanidad, en la evolución de los grupos sociales y, tal vez, en nuestra propia historia personal se pueden distinguir cuatro etapas:

1ª Etapa: El mejor es el más FUERTE. La finalidad es TENER, para satisfacer las necesidades primarias y materiales, y PODER para asegurarse el tener y liquidar la inseguridad de la competencia de los otros. Así ocurre en todo el reino animal del que somos la cúspide. El medio para conseguirlo es la formación física ("adiestramiento").

2ª Etapa: El mejor es el más SABIO. Con el descubrimiento de la máquina se produce la "revolución industrial" y la fuerza del hombre pierde protagonismo porque se construyen máquinas capaces de desarrollar mucha mayor fuerza. Se comienzan a palpar las ventajas del SABER. Los que más saben inventan, perfeccionan y utilizan las máquinas, aprovechan su fuerza y su productividad convirtiéndose en los nuevos ricos. La finalidad se pone entonces en SABER y el medio es la formación intelectual ("instrucción").
En un proceso continuado se desarrollan las ramas del saber, se perfeccionan los medios de instrucción y los hombres terminan ambicionando los títulos, los diplomas, los máster, etc. La mayoría no aspira a SABER para cultivarse sino para conseguir TENER (disfrutar de las cosas materiales) y PODER (dominar a los otros y evitar la inseguridad de la competencia).

3ª Etapa: El mejor es el más PRÁCTICO. Se ha producido un nuevo descubrimiento: la "máquina inteligente", capaz de acumular mucha más información y combinarla con más rapidez que la mente humana. Es la "revolución informática". El medio utilizado en esta novísima etapa es la habilidad tanto para programar como para construir, reparar o manejar las nuevas herramientas. El acento se pone entonces en el HACER y el VENDER como camino para los primarios TENER y PODER. Piénsese, por ejemplo, en quién es el más rico del universo en estos momentos. O cuántos jóvenes, con limitados estudios, han conseguido "triunfar" por su dominio práctico de la informática o de internet.

4ª Etapa: El mejor es el más HUMANO. Esta es la futurista etapa tanto de la humanidad como del individuo. Es la era de la "humanización del individuo y de la sociedad". La finalidad es conseguir la plenitud, la madurez y el equilibrio, desarrollando la propia identidad –única e irrepetible como las huellas dactilares- y aquella actividad para la que se está específicamente dotado.

Seguirá siendo importante el cultivo de la inteligencia, pero siempre al servicio del crecimiento armónico de la persona. La prioridad estará en SER, en el desarrollo de lo más genuino del hombre: su identidad, su creatividad, su fuerza interior.

El medio será la formación personal, es decir, la puesta en orden y el desarrollo del hombre como hombre. El SER no lleva consigo la ambición de TENER y PODER, sino la aspiración profunda de ser uno mismo en plenitud, ocupar su lugar en la sociedad y dar sus frutos específicos. Paradójicamente este camino sin ambiciones ni competencias lleva a la paz, a la felicidad, al punto de máxima eficacia social de la persona.

A esa plenitud se llega por los tres ejes del desarrollo personal:

ü      La SOLIDEZ interior, que lleva consigo la libertad, la autonomía, la firmeza, la seguridad, la verdad y la conciencia de lo que uno es en realidad.

ü      El AMOR, que lleva consigo la justicia, la solidaridad, la entrega, el servicio, la acogida y apertura a los otros.

ü      La DOCILIDAD, que lleva consigo la fidelidad a la propia identidad, el reconocimiento y aceptación de los propios límites, la constancia para conseguir la propia madurez. Podría llamarse "espíritu realista de superación".

A finales del pasado siglo C. ROUYER (Ingeniero y sicopedagogo francés, Presidente de "PRH Internacional" -Personalidad y Relaciones Humanas-, organismo de formación personal extendido por todo el mundo) ya afirmaba cosas como éstas:

"Siempre he creído en el hombre. He presentido en sus profundidades unas potencialidades inmensas de inteligencia, de corazón, de creatividad, muy a menudo ocultas y mal explotadas. Desde siempre he sabido que el mundo sería para las personas que supieran, a partir de ellas, entablar con sus semejantes relaciones auténticas, cálidas, armoniosas…
Constato en torno a mí que, los que se han puesto en el camino del descubrimiento de sí mismos, descubren sus riquezas profundas y se enraízan en ellas. Descubren sus límites y los respetan. Se abren a ellos mismos y a los otros. Se atreven a crear e innovar allí donde antes el miedo les paralizaba. Resumiendo: toman en su mano, metódicamente, el crecimiento y la puesta en orden de su personalidad, llegando a ser poco a poco hombres más sólidos, abiertos, eficaces, y en consecuencia, más felices".

Estoy totalmente de acuerdo con este magnífico formador. Algunas personas y algunos grupos, tanto en el ámbito civil como en el religioso, ya se han dado cuenta y están avanzando por este camino. El progreso de la humanidad va por ahí. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

En el próximo artículo me preguntaré por las mejores empresas. Seguro que merece la pena hacerse la pregunta.


JAIRO DEL AGUA, autor del libro “Meditaciones desde la calle” de ediciones Khaf, jairoagua@gmail.com 
MADRID.