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LAS UNIVERSIDADES ESPAÑOLAS PODRÁN IMPARTIR GRADOS DE TRES AÑOS

Université Paris-Sud

Las universidades españolas podrán impartir grados de tres años, como ocurre en la mayoría de los campus de Europa. El Ministerio de Educación ha abierto la posibilidad para que las facultades se apunten de forma voluntaria. La modificación no será inmediata. Las universidades y las comunidades autónomas debaten ahora cómo sumarse a la propuesta, que ha contado con un gran impulso principalmente desde Cataluña.

“Hemos formado un grupo de trabajo para debatir este asunto y consensuar un documento”, ha explicado a EL PAÍS Gaspar Rosell, vicerrector de Ordenación Académica de la Universidad de Barcelona y secretario ejecutivo de la Comisión Académica Sectorial de las Universidades Españolas(CASUE) integrada en la Conferencia de Rectores de España. Educación está negociando con los rectores y las comunidades autónomas dentro del Consejo de Universidades y la Conferencia General de Política Universitaria, según ha informado hoy La Vanguardia.

Las universidades trabajan desde el pasado abril en una propuesta conjunta sobre esta modificación, cuya implantación no se producirá en ningún caso para el curso que viene. “Si llegamos todos a un acuerdo se podrá implantar en dos o tres cursos. El cambio normativo que debe hacer el ministerio no es complejo, pero las modificaciones en las universidades sí”, añade Rosell.

Para la adaptación al llamado proceso de Bolonia (el Espacio Europeo de Educación Superior), las universidades españolas asumieron mayoritariamente un esquema (grados de cuatro años y másteres de uno) al que solo se sumaron tres de los 46 países que se sumaron a la reforma europea de las universidades: Bulgaria, Ucrania y Escocia). Un total de 19 países eligieron grados de tres años y másteres de dos y otros seis se decantaron principalmente por grados de cuatro y máster de dos (entre los que están Rusia o Turquía). En el resto no había una opción predominante.

FUENTE: EL PAÍS 11 JUNIO 2014


ESPECIALIZADOS SÍ, PERO CON BAGAJE


La implantación del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), conocido popularmente como Plan Bolonia, dio un vuelco al catálogo de titulaciones y a la mayoría de planes de estudio. El efecto no fue homogéneo y algunas de ellas se especializaron más, mientras otras mantuvieron un alto contenido generalista. Dos expertos de ámbitos bien diferentes, Joaquín Prats, catedrático de Didáctica de las Ciencias Sociales de la Universidad de Barcelona, y Xavier Cañavate, director de la escuela de ingeniería del campus de la Universidad Politécnica de Cataluña en Terrassa, se encuentran cara a cara para reflexionar sobre la idoneidad de esta especialización.

Haciendo un poco de memoria reciente, Prats recuerda que la teoría del Plan Bolonia apostaba por un modelo 3+2 (tres años de grado y dos de máster), con unos grados con un alto contenido genérico y muchos créditos troncales. La especialización, preveía, ya vendría de la mano de los másteres. “Pero esto no se aplicó aquí”.

En España, el grado es de cuatro años, y ello obliga a dejar la mayoría de másteres en un año, y se quedan cortos. Por consiguiente, los grados, que tenían que ser muy básicos, no pueden serlo tanto. Con cuatro años, alguna especialización tiene que haber”, abunda Prats, que hasta hace pocos días también era presidente de la Agencia de Calidad del Sistema Universitario de Cataluña.

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Ambos expertos huyen desde el principio de las generalizaciones y apuntan que el efecto del EEES no ha sido igual en todas las titulaciones. Prats explica que en algunos ámbitos, como en la Facultad de Geografía e Historia, se ha mantenido el número de titulaciones –Geografía, Historia e Historia del Arte– con una parte de troncalidad, que después se ramifica en varias menciones o especializaciones en los últimos cursos.
Hay muchas carreras que ya de por sí tienen un alto grado profesionalizador, como las de Enfermería, profesor o fisioterapeuta. Muchas, que antes habían sido carreras de tres años, al añadirles un curso, han ganado en contenidos generalistas. Por el contrario, añade Prats, Biología “ha padecido un fuerte troceo” y considera excesivo el nivel de especialización al que han llegado los grados de esta área.

Caso aparte son las ingenierías. Xavier Cañavate explica que las titulaciones en las universidades politécnicas se han mantenido casi inalterables. “Casi podríamos decir que ha habido más generalización. Hoy hay una base más amplia de contenidos comunes”, asevera el ingeniero. Cañavate subraya que las actuales titulaciones combinan una primera parte muy semejante en todas las ingenierías. En total son 120 créditos, equivalentes a dos cursos, con asignaturas iguales para todos los alumnos. Es a partir del tercer curso cuando el estudiante empieza a escoger materias y a especializarse. Cañavate defiende esta fórmula y considera que es la combinación ideal entre bagaje general y especialización.

“Esta fórmula sería lo deseable y el modelo que deberían seguir muchas otras carreras. Ahora la normativa fija que haya un mínimo de 60 créditos comunes, pero esto no es suficiente”, añade Prats. Este experto defiende que los grados deben tener una fuerte base generalista, con una mínima especialización. En su opinión, es el máster el que debe ayudar a profundizar.

Con todo, Prats reconoce que no existe un modelo válido para todos los ámbitos y apela al “sentido común”. Como ejemplo, el catedrático de la UB echa mano de una conversación reciente con el rector de la Universidad de Lisboa, que le confesaba haber encontrado en el catálogo de titulaciones de su campus una llamada Gestor en Campos de Golf. “Entendería que fuera una especialidad de máster, pero es una ridiculez como grado, se está pervirtiendo el espíritu de lo que debería ser un grado”, espeta.

ALUMNOS RENACENTISTAS

“La Universidad no es un centro de formación ocupacional, no hacemos formación a medida para las empresas”, apostilla Cañavate. Prats defiende el modelo de anteriores carreras en las que había materias y contenidos comunes a todos los ámbitos de conocimiento, que enriquecía al alumno. “Es como el modelo de hombre del Renacimiento, pero adaptado a los tiempos actuales”, aclara el catedrático. El ingeniero coincide en este punto. “Hace un tiempo se inculcaba a los alumnos que tenían que centrarse en un ámbito muy concreto. Pero esto funciona solo a nivel de investigación. Antes te metían en un microrreino del que te costaba salir. Yo creo que deberíamos tender a aumentar y ser adaptativos”, asevera Cañavate.

Ambos expertos coinciden en que la Universidad no debe depender tanto de los cambios del mercado laboral y de la sociedad. “Su objetivo es facturar licenciados intelectualmente potentes para que sean capaces de adoptar diferentes roles a lo largo de su vida. Esto requiere tener una base cultural y unos conocimientos transversales”, suscriben.

Y en todo este sistema, ¿qué papel juegan los másteres? En este punto la opinión de ambos expertos es similar. Apuestan porque los posgrados sean una herramienta de especialización, de orientación a la investigación o como complemento formativo hacia otros ámbitos (por ejemplo, un ingeniero que quiera tender hacia la gestión). También ambos docentes coinciden en que este tipo de formación es prescindible. 
“Los másteres no son necesarios. Hasta ahora, un ingeniero técnico solo hacía la carrera [de tres años] y encontraba trabajo sin problema. Ahora estas carreras duran un año más, así que los alumnos salen más formados”, defiende Cañavate. “Mucha gente decide hacer uno para hacer algo mientras encuentra un trabajo”, añade Prats.

Ambos acaban el debate valorando positivamente la aplicación del Plan Bolonia. “Ha racionalizado el mapa de titulaciones”, aseveran. Eso sí, reconocen que siempre hay flecos que arreglar, pero no quieren ni oír hablar de una nueva reforma universitaria cuando apenas acaba de salir de las aulas la primera promoción 100% Bolonia.

FUENTE: EL PAÍS (Ivanna Vallespín) 15 JULIO 2013


LOS ALUMNOS DE LA UPV DEBERÁN DEFENDER UN TRABAJO DE FIN DE GRADO PARA OBTENER EL TÍTULO

Con la implantación del europeo Plan Bolonia los universitarios deberán defender un Trabajo Fin de Grado (TFG) para poder obtener el título. Ya no bastará con haber aprobado todos los créditos de las asignaturas obligatorias. Y la prueba de fuego será la exposición oral del trabajo ante un tribunal de evaluación constituido al efecto, formado por tres miembros del profesorado adscritos a cada facultad. El 10 de marzo el Consejo de Gobierno de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) aprobó la normativa sobre la elaboración y defensa del TFG, y salió publicada el 19 de abril en el Boletín Oficial del País Vasco (puedes leer el TEXTO ENTERO clicando)..

El texto recoge el marco general del TFG aunque, por el momento, se desconocen las características concretas del TFG de cada uno de los grados, ya que las juntas de centro de la mayoría de las facultades están inmersas en el proceso de adaptación del modelo a sus propias especifidades.

De 6 a 30créditos

Ni todos los TFG serán iguales, ni valdrán el mismo número de créditos (ECTS). La horquilla va de los 6 -el equivalente a 150 horas de trabajo- a los 30 créditos (ECTS). El ritmo de adaptación es bastante desigual, teniendo en cuenta que este es el primer curso en el que los grados se han implantado en la UPV/EHU y, por tanto, el alumnado no se deberá enfrentar al TFG hasta dentro de tres cursos.

Sin embargo hay centros, como la Escuela Universitaria de Relaciones Laborales de la Universidad del País Vasco, que ya han hecho los deberes porque su Junta de Centro ha aprobado su propia normativa después de debatirla en la Comisión de Ordenación Académica.

En su caso, el TFG tendrá una carga lectiva de 6 créditos. Para poder presentarse al Trabajo de Fin de Grado, el estudiante debe haber superado previamente todas las materias requeridas para finalizar el plan de estudios. El trabajo tendrá una extensión aproximada de entre 55.000 y 110.000 caracteres, un trabajo individual y supervisado por uno o más directores de TFG, que integre y desarrolle los contenidos y las competencias adquiridas a lo largo del grado.

En el caso de la antigua Diplomatura de Trabajo Social, los TFG podrán ser trabajos de investigación empírica o teórica, o trabajos prácticos de carácter profesional. Una vez finalizado y presentado en plazo, el estudiante tendrá un máximo de 20 minutos, en sesión pública y ante un tribunal, para defender su TFG.

En caso de suspender, el alumno tendrá otra oportunidad. Hay dos convocatorias por cada curso académico. El tribunal valorará especialmente en esta reválida oral aspectos como la transmisión ordenada del mensaje, la veracidad de la información y datos facilitados, si la terminología es la apropiada o detalles como el tono de la voz, los gestos y si los movimientos corporales son adecuados al mensaje. Vamos, todo un examen de oratoria en público. Del mismo modo tomará en consideración -en una escala de 1 a 10- si el examinado responde adecuadamente a las preguntas que formule la comisión evaluadora.

Calidad investigadora, otro 30%

La defensa oral contará un 30% de la nota del TFG y otro 30% la calidad de la investigación o trabajo realizado. Los miembros del tribunal serán los encargados de evaluar ese 60% del TFG en una deliberación secreta. El 40% restante lo dirimirá el director o directora del TFG, en base a la evaluación del proceso seguido por el universitario para elaborar el documento final.

A tenor de lo aprobado por la Junta de Centro de Trabajo Social, la labor del director del TFG es determinante. El Trabajo de Fin de Grado estará protegido por la Ley de Propiedad Intelectual. Por tanto, la titularidad de los derechos serán del alumno o alumna y no podrá cederlos hasta haber obtenido la calificación definitiva del TFG.

FUENTE: DEIA 13 de JUNIO de 2011

¿QUÉ ES EL PLAN BOLONIA?


Aunque seguro que ya has oído hablar del "Plan Bolonia" aquí tienes unos artículos publicados en EL PAÍS (2010-09-19) sobre el mismo.



El año que vienes estarás "sufriéndolo". Así que es bueno que sepas cómo se plantea este tema en las Universidades del País Vasco.



El primer artículo se llama ¿Qué es el `Plan Bolonia´?. con un despiece superinteresante: La nueva oferta académica.



El segundo La Cámara de Comercio de Bilbao se adapta al `Plan Bolonia´.



Y el tercero, sobre la respuesta de algunos alumnos al plan Bolonia, Y la Universidad ardió.

CLASES A LA BOLOÑESA


La implantación este curso del `modelo Bolonia´ abre la posibilidad de acabar con las "clases magistrales". Sin embargo, aún hay profesores y alumnos que defienden este modelo medieval, anterior a la imprenta.


José Lárazo, profesor de Humanidades Médicas en la Universidad Autónoma de Madrid y premio Comillas de Historia por su libro Vidas y muertes de Luis Martín-Santos, escribe este interesante artículo.

EL CURSO UNIVERSITARIO MÁS MADRUGADOR


Bolonia adelanta en todas las universidades la vuelta a clase. Los primeros alumnos que vuelven a las aulas en Gipuzkoa son los del Tecnun, que estrenan el 1 de septiembre el año académico.
Los segundos más madrugadores serán los estudiantes y docentes de Mondragon Unibertsitatea y de Deusto, que empezarán el curso los días 7 y 8, respectivamente. Por último, el acto oficial de inicio del curso en la UPV/EHU se celebrará el día 13 en el aula magna de Leioa.




Lee la noticia en este enlace del DIARIO VASCO.

BOLONIA SE ACERCA AL 5

La adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, el conocido como Plan Bolonia, ha supuesto un aumento del número de aprobados, en las Universidades de Deusto y de Mondagrón, con la metodología que implica el plan. El secreto: la universidad destierra el alumno pasivo y lo empuja a trabajar desde el primer día, olvidando la memorización de contenidos a última hora. La mejora radica, al fin y al cabo, en que su nueva rutina es "más natural", según coinciden responsables de ambas instituciones.

Lee en este enlace este interesante artículo.